viernes, 23 de septiembre de 2022

San Sebastián Film Festival 2022: Día 7

 Último acelerón porque esto comienza a ser una cuenta atrás, el festival toca a arrebato con sensaciones encontradas, la principal la de que ha sido un año diferente porque todo ha vuelto a ser igual, tras dos años de pandemia hemos vuelto a vivir el Zinemaldi que conocíamos, hemos podido reír y compartir sin miedo y eso nos ha revolucionado, probablemente ha sido el festival con más fiestas y vida social de los últimos años, sospechosos habituales y nuevas incorporaciones se iban cruzando en los eventos nocturnos y el cine nunca ha pasado a un segundo plano si no que una vez más ha servido como nexo de unión en una edición que más que nunca nos ha hecho soñar por unos días.

Las carreras continúan, las caras de cansancio ya no pueden ocultar la acumulación de horas sin dormir y la apuestas y los rumores comienzan, que si esta película es claramente premiable, que si aquella parece que ha gustado muchísimo al jurado (que digo yo que quién hablará con ellos para saberlo) o que si la otra sobre la que tanto se hablaba al final ha sido una decepción.

Olvidando la tarea del día anterior fue una jornada para repasar títulos de Perlas, la sección que aglutina las mejores películas que han pasado por otros festivales.

Y nada mejor para abrir de esta penúltima jornada de competición que comenzar con Moonage Daydream, documental de Brett Morgen sobre un personaje tan icónico como David Bowie. Intentar innovar a estas alturas para hablar del camaleón del rock es tarea complicada, ponerse a su altura es ya directamente misión kamikaze pero el documental comienza como una viaje psicodélico intentando captar la personalidad de un artista que en los comienzos de su carrera rompió con cualquier convención del Rock and Roll y revolucionó la escena musical, siempre acompañados de la voz del propio Bowie en entrevistas y las letras de sus canciones, el film abandona la lisergia y se vuelve algo más convencional, dejando quizás algo de decepción por no hacer una apuesta por su atrevido comienzo y adoptando métodos narrativos algo más tradicionales, a pesar de todo el abundante material de archivo, la hipnótica personalidad de su protagonista y su incontestable acompañamiento musical hacen que no solo se siga con interés si no que deje con ganas de más y con más profundidad, porque si, puede que suene un poco a ya visto y a ser lo mismo de siempre, pero desde cuando ese es un problema cuando se está hablando de David Bowie.


Turno para Tori y Lokita de Jean Pierre y Luc Dardenne, habituales de Cannes, multipremiados y siempre esperados como uno de los grandes del cine europeo. Su última película trata sobre la amistad de dos jóvenes inmigrantes en Bélgica que se ayudan y apoyan para superar todos los problemas que se presentan en su lucha de conseguir una vida más digna mientras se hacen pasar por hermanos para conseguir los papeles de residencia. Con una evidente carga de denuncia social, la película sigue el día a día de estos dos hermanos en la vida aunque no lo sean de sangre, la importancia de contar este tipo de historias siempre será evidente pero da la sensación de que en esta ocasión los Dardenne no están demasiado atinados, se agradece su lucha por huir de la temida pornografía sentimental pero el film tampoco ofrece nada novedoso ni especialmente relevante y más allá de la naturalidad de sus protagonistas y de la importancia de su denuncia no destaca por encima de films de temática similar y apunta a pasar al cajón de películas menos destacadas de los cineastas belgas.


Llegaba la hora de uno de los momentos más esperados de éste festival y es que Alejandro G. Iñarritu ha ido pasando de director de éxito incontestable a director que produce filias y fobias a partes iguales según ha ido radicalizando su discurso. Su última obra ya desde su elocuente título de Bardo o falsa crónica de unas cuantas verdades comienza a dejar claro que el director mexicano está lejos de suavizar la deriva que está tomando su carrera. El film que nos retrotrae continuamente a esa corriente actual de directores que deciden trasladar de manera más o menos ficcionada o realista a la gran pantalla sus propios recuerdos y que no olvidemos llevaba ya muchos años inventada con la historia de un periodista mexicano afincado en EEUU que antes de recoger un importante premio decide volver a su tierra para preparar el discurso con el que recogerá el galardón, así el protagonista, clarísimo trasunto del propio director transita entre lo onírico y pesadillesco entre sus recuerdos, dudas y temores, elevando hasta el paroxismo la radicalidad de un discurso cada vez más pagado de sí mismo. Iñarritu intenta jugar a reírse de sí mismo y le sale mal y es que los personajes gritando a cámara las ideas del director resultan no solo artificiales si no agresivos hacia un espectador (al menos el que escribe) incapaz de implicarse en una historia que todo el rato te recuerda que el autor se cree más listo que tú. El juego de ser pedante para reírte de tu propia pedantería nunca llega a funcionar, se suceden escenas sin más motivo que mostrar el innegable músculo fílmico del director que parecen permanecer en el agotador montaje final (y eso que el que mostraron aquí era media hora más corto que el de Venecia) solo para demostrar el talento del director tras la cámara pero sin añadir a la narración más que pura redundancia. Pero quizás lo peor de todo es que una vez realizada esta apuesta extrema que quizás levante pasiones entre sus seguidores pero que sin duda ha despertado caras de desesperación a la salida de la proyección y algún ronquido que otro durante la misma, el director se echa atrás a última hora y decide volver a una senda más convencional, cerrar el círculo, dar una explicación al bochorno observado en algunas escenas y de nuevo decirte, eh que es que no lo habías pillado, es que estaba jugando contigo, soy un tipo listo y talentoso, y no se puede negar que lo sea no, aunque ser consciente de ello le siente tan mal a su cine.


Se acababa el día con la proyección de la nueva serie de Movistar + Apagón, adaptación del podcast de éxito El gran apagón , que teoriza sobre las consecuencias de una tormenta solar que causara un apagón energético generalizado. La serie se desarrolla en cinco capítulos con distintas historias de diferentes personajes y su manera de intentar adaptarse a un mundo completamente diferente del que habíamos conocido. El primer capítulo dirigido por Rodrigo Sorogoyen es el encargado de presentarnos la situación y a pesar de asumir la carga de ser enormemente discursivo para explicar al espectador las razones de todo lo que va a suceder, el director es capaz dotar al capítulo de su habitual nervio, consiguiendo que una reunión puramente burocrática esté llena de tensión y adrenalina, la capacidad de Luis Callejo (uno de los mejores actores de nuestro cine y al que ya comienza a faltarle reconocimiento, que por suerte no trabajo) de convencernos de cualquier cosa que salga de su boca hace el resto y nos deja en situación ante lo que está por venir y es que tras dos años de pandemia lo anteriormente inimaginable empieza a parecernos temiblemente posible. El segundo capítulo dirigido por Raúl Arevalo adopta el punto de vista de como los cortes de energía y falta de suministros afectarían al sistema sanitario, en un capitulo más calmado y que busca la identificación con una situación terriblemente familiar, menos impactante y eléctrico que el primero pero dejando clara la deriva que va a tomar la serie. 

En el Teatro Principal se pudieron ver los cinco capítulos con Isa Campos, Alberto Rodríguez e Isaki Lacuesta al mando de los tres episodios restantes, muestra de la calidad de una de las series que sin duda va a ser referente de la ficción televisiva española de esta temporada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario