viernes, 29 de enero de 2021

Crash

 

Crash
Crash

Director: David Cronenberg

Actores: James Spader, Holly Hunter, Elias Koteas, Deborah Unger, Rosanna Arquette, Peter MacNeill

Guión: David Cronenberg (Basado en una novela de J.G. Ballard)

Productores: David Cronenberg, Stephane Reichel, Marilyn Stonehouse

Montaje: Ronald Sanders

Fotografía: Peter Suschitzky

Música: Howard Shore

Producción: Alliance Communications Corporation, Recorded Picture Company, The Movie Network, Telefilm Canada



Me identifico completamente con el capítulo que Desirée de Fez le dedica a Crash (y con tantos otros) en su indispensable Reina del grito, me reconforta saber que no soy al único que la enfermiza obra de arte de Cronenberg le pasó por encima al no tener las herramientas suficientes para enfrentarse a ella. 

25 años y unos cuantos visionados después me encuentro de nuevo ante una película que aunque se ha convertido en una de mis favoritas sigue llevándome por caminos oscuros, aprecio su espectacular remasterización en 4K con una calidad de imagen y sonido espectacular, pero Crash vuelve a enfrentarme con algunos de mis miedos más privados y profundos.

El propio Cronenberg se encarga de presentarnos esta nueva edición, recordando la sorpresa que le provocó el revuelo que causó en Cannes y nos recuerda con cierta jocosidad dentro de un Tesla como en ese coche ya se podría ver la película mientras se conduce a 160 kilómetros por hora como alguien citaba que se disfrutaría al máximo su film poco después de su estreno ... aunque no lo recomienda.

Ese afán por la provocación va a impregnar cada fotograma de Crash, ya no por lo explícito de su contenido sexual, tal vez lo hiciera en su tiempo pero seguro que hoy no, si no por saber tocar la fibra del espectador, ese que quizás no entienda porque lo que está viendo le resulta tan tremendamente incómodo, como me sucedió en su momento, o peor aún, sea capaz de ver que más allá de la hipérbole se ven reflejados miedos y preocupaciones del más común de los mortales.

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Un matrimonio roto o la crisis de los 40 son universales, pero más aún la sensación de vacío, la búsqueda de algo que nos haga sentir vivos o la incapacidad de enfrentarnos a una sociedad que nos devora. "Si me da la gana me pongo un puto kimono" exclama Holly Hunter en un momento dado, y esa declaración de libertad y de rebeldía nos hace retorcer en la butaca. Comprobar como solo un accidente de tráfico puede hacer consciente a James Ballard y Helen Remington de la vacuidad de sus vidas nos sitúa en un punto de vista moralmente cuestionable, observar como no solamente continúan jugando con su vida (y la de los demás) si no que esto les descubre un gozo sexual jamás alcanzado que les lleva a un nuevo objetivo vital definitivamente nos hace empezar a cuestionarnos cosas que tal vez no querríamos preguntarnos.

Si Crash nos llega de tal modo es porque todo en ella nos resulta dolorosamente real, desde la cámara de Cronenberg facilitando el ejercicio de voyeurismo del espectador, pasando por la música de Howard Shore tan hermosa como hipnótica, pero sobre todo gracias a su acertadísimo reparto, con un James Spader dominando una vez más esos personajes fascinantemente enfermizos que tanto le gustan, una Holly Hunter que jamás fue tan perturbadora y un rotundo Elias Koteas, mutando en un predicador del vicio capaz de engatusarnos con malevolencia.

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25 años después Crash sigue siendo igual de provocadora y subversiva, quizás porque seguimos chocando unos contra otros sin capacidad de conectar entre nosotros, tal vez por la incomodidad que nos provoca comprobar la excitación ante lo prohibido, o puede que porque con el paso del tiempo hemos empezado no solo a comprender a sus personajes, si no a identificarnos con ellos, y eso si que nos provoca auténtico terror.

La próxima vez será, afirma Spader en la última secuencia del film, dirigiéndose de igual modo a su mujer y al espectador, sin que este sepa distinguir si es un reto, una promesa, un deseo o tal vez una triste certeza.

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